martes, 2 de febrero de 2010

Atrapado en el tiempo



Buenos días a todos! ¿Aún estáis en la cama? Arriba perezosos, levantaos y contemplad este maravilloso día, porque... hoy es el día de la marmoootaaaaaaa ♫ ♫

Hay días que me siento como el protagonista de "Atrapado en el tiempo". Los días parece que se repiten cíclicamente. Suena el despertador, que no me despierta porque suelo llevar un rato despierto. Lo apago y me levanto. Estiramientos. Ducha, ropaje y desayuno. Salgo a la calle a por el tren, saludando al señor de la limpieza del portal con un alegre "hola! buenos díasss!". Un lacónico "hooola, buen día..." me rebota en los oídos. Llegas a la estación y si llega el tren lo cojo y si no el siguiente, todo depende de mi ritmo andante, inversamente proporcional a mi somnolencia en el camino. Sentado en el tren, observo que no soy el único con el piloto semiautomático, hay cada careto... Llego a la parada y tras recordar las mismas caras cruzando las máquinas canceladoras, la chica del mostrador medio sopa y revisar la cantidad de periódicos gratuitos del día en las escaleras, me encamino a la feria de muestras, que diga, al edificio donde trabajo. Si coincido con alguien pues toca minitrayecto más ameno, y si no más rápido.

Llego a la puerta de acceso a la oficina y con suspense acerco la tarjeta al lector, esperando que siga funcionando (inciso: en esta empresa, puede ser una forma tan válida como cualquier otra de anunciarte oficialmente tu despido con el simple hecho de que no funcione). Tras pasar un segundo acceso mediante un tontorno (a santo de qué lo habrán puesto...) saludo a nuestra "secre" y enfilo hacia el sitio. Miro hacia los lados por si alguno me saluda y devolverle al menos el saludo y llego a mi sitio. En modo casi automático salen de mi boca las palabras "buenos días" en tono cortés, para saludar a las conocidas de mesa. No me atrevo a llamarlas compañeras porque el resto del día casi no nos dirigimos la palabra. Mi jefe apenas un metro detrás de mí ni se inmuta, salvo para cuando tiene obligación de transmitirme alguna tarea o algo. No me cae mal, de hecho cuando comenta las cosas suele adornarse hasta en exceso y para decir relléname este informe, te puede contar como el fin de semana tuvo que llevar a la mujer a comer no se dónde en plan regalo-disculpa, porque estaba mosca con tantos días saliendo tarde (ella suele ir allí a esperarle y es comprensible que no le haga gracia estar matando el tiempo).

Las horas pasan y a media mañana llega el aviso del café. Suelo hacerme el remolón para no tener que estar esperando a coger un cafecito de la máquina y que al llegar todo el mundo esté servido, a veces lo consigo, a veces no jejeje. Es de los poquitos momentos del día que recuerdas que eres un ser humano y no una rueda dentada del engranaje obrero. Observas como van surgiendo los temas más diversos, casi siempre con un toque de humor que falta nos hace a algunos. No suelo mediar palabra, unas veces porque no sé de qué va la conversación (no he visto tal programa, no me he visto en no se qué situación, no conozco a fulanito de tal y sus andanzas... etc.) y otras porque me da cosa "contradecir" al que está hablando aún cuando sé positivamente que lo que está diciendo no es así. Aún así, resulta un poco reconfortante ese ratillo que incluso puede llegar a situaciones surrealistas (qué hace una mujer agachada a cierta baja altura teniendo a un chico al lado... recoger algo de un armario bajo... el muchacho después se sorprende de la fotoescena que se ha provocado... vamos, surrealista, y lo mejor, divertido).

Salida del café y vuelta al sitio. Pasan las horas, entre música, internet, trabajo, chateos, correos y llega la hora de comer. Por lo general suelo comer en la propia oficina, en el mismo sitio del café, angosto, para el que hace falta turnarse para poder tener sitio. He probado todos los turnos habidos y por haber y al final creo que el mejor es el que cae en el medio, sobre las dos. Otra vez dejo que fluyan las conversaciones. Pero a diferencia del ratillo del café, lo habitual es que salvo que alguien saque algún tema interesante, estemos todos más pendientes del plato, perdon, tupper, que de darle al palique. Una vez finalizada la comida hay quienes se quedan un poquillo en plan sobremesa a charlar de lo que surja. Yo de eso no he probado aún, no me siento muy cómodo estando ahí quieto sin decir esta boca es mía, por lo que procuro terminar echando leches, si puedo dejarle el sitio a otro mejor y de paso salgo a la calle unos minutos. En el acceso de la calle a veces hay compañeros de la oficina en plan corrillo, a los que saludo y prosigo mi paseo. Bueno minipaseo, porque no dura mucho, pero al menos me sirve para airearme y hacer algo de "ejercicio". Alguna vez ya he arrastrado a alguno a pasear conmigo, pero en cuanto se juntan más de dos, es igual que el café o la comida, prefiero dejarles tranquilos e irme.

Las tardes se me suelen pasar volando, más que nada porque la primera media hora post comida es de piloto automático total y ni me entero del reloj. El resto, como la mañana, salvo alguna llamada telefónica, mensajillos del móvil o conversaciones chateras que le dan mucha vidilla a la monotonía vespertina. Llega la hora de salir de allí, y se repite el proceso de entrada en modo inverso. Saludos, miradas, despedida y por fin libre.

Cojo el tren, y llego a mi casita. Este es el único momento del día que realmente puede variar de verdad. Hoy puede que toque ir a la caja a hacer no se qué operación, comprar cosillas desde comida hasta tijeras de coser, visitar a mi abuela, ir a dar una vuelta por ahí andando o en coche si apetece conducir e ir un poco más lejos, algún cursillo que otro que organiza el ayuntamiento... Pero esta parte siempre es la más corta, para cuando me doy cuenta son las nueve o diez y estoy en casa, cenado y casi yendo a la cama (bueno, muchas veces me entretengo surfeando la red y me dan las mil buscando aquí y allá, pero ése es otro tema).

Si no tengo en cuenta a las personas en el plan de vida diario, cada día es prácticamente una repetición del anterior. Si no hay casi variaciones algo falla. Pero pienso... ¿Qué falla? ¿El entorno que se mantiene en su línea? ¿O el que escribe que no varía su forma de ser o de mostrarse?

2 comentarios:

marga dijo...

Hola Mikel! :)
Atrapado en el tiempo? iré a rescatarte! :P

Sobre lo que dices de:

"¿Qué falla? ¿El entorno que se mantiene en su línea? ¿O el que escribe que no varía su forma de ser o de mostrarse?"

Te digo una frase de mi última entrada:
"Cambia tú, nunca estés esperando que el otro cambie."

Así se simple...

Espero que estés bien, cuidate! ;)

Casiopea dijo...

Mikel!!! Jolines, yo que pensaba que este post era para decir que por fin ibas a empezar a publicar regularmente y resulta que sigues dentro del bucle ese chungo...

Actualizaaaaaaa!!!!

Besos